Las Rimas, una colección de setenta y seis poesías, publicadas al año siguiente con el título inicial de El libro de los gorriones, poseen una cualidad esencialmente musical y una aparente sencillez que contrasta con la sonoridad un tanto hueca del estilo de sus predecesores. Formalmente son poemas breves en versos asonantes, donde el mundo aparece como un conjunto confuso de formas invisibles y átomos silenciosos cargados de posibilidades armónicas que se materializan en visión o sonido gracias a la acción del poeta que une las formas con las ideas. Se refieren a la emoción de lo vivido, al recuerdo, a experiencias convertidas en sentimientos. También aparece el amor, el desengaño, el deseo de evasión, la desesperanza y la muerte. Su pureza y humildad, junto con su engañosa sencillez, suponen la -culminación de la poesía del sentimiento y de la fantasía-, en palabras de Jorge Guillén, y como dijo Luis Cernuda: -Desempeñan en nuestra poesía moderna, un papel equivalente al de Garcilaso en nuestra poesía clásica: el de crear una nueva tradición que llega a sus descendientes.
Bécquer, que con
sus escasas Rimas elevó la lírica romántica a su mayor altura, también se
mostró como un gran poeta en sus Leyendas,
título con el que se agrupan
todas las narraciones en prosa de Bécquer. La
fascinación que estos bellísimos textos producen no se debe solo a su lirismo,
a su prosa musical y luminosa, sino también a su atmósfera de irrealidad, en el
fondo, predomina en ellas un espíritu donde se impone lo misterioso, lo
sobrenatural y mágico con historias de raíz popular en muchas ocasiones, en las
que la búsqueda de lo inalcanzable suele ser su argumento central. Pero
lo que no se ha destacado bastante hasta ahora es su modernidad narrativa, su
sentido cinematográfico del ritmo y la teatralidad de algunas escenas.